Opinión | Solastalgia. Por Lara Hernández Abellán

Lara Hernández Abellán

Al tipo de tristeza extrema, forma de angustia, estrés mental o existencial que está causado por el deterioro medioambiental de un entorno que amas, se le denomina solastalgia. Una palabra que nunca había escuchado hasta que Isabel Rubio, Portavoz de Pacto por el Mar Menor y hermana de mi querida Eulalia, la utilizó para definir cómo nos sentimos todos los que queremos al Mar Menor. Y ese día, al conocer de su existencia y significado, supe que debía incluirla en mi vocabulario porque no solo definía perfectamente lo que sentía, sino que, por desgracia, estaba convencida de que aún nos quedaba mucho para volver a ver y disfrutar del Mar Menor que conocimos. Si es que eso llega a ocurrir algún día.

Empezaba este verano de 2022 con esta nueva palabreja agarrada todavía más fuerte a mi pecho porque su estado estaba peor que nunca. Toneladas de ovas verdes cubrían sus aguas y hasta los mejores pronósticos hacían presagiar que un nuevo episodio de anoxia era inminente. Y, tal como se esperaba, ocurrió. Una vez más.

Hago memoria para recordar que esta tragedia no ha sido ninguna casualidad sobrevenida tras tormentas o danas, como pretendieron hacernos creer después de la primera muerte masiva de peces, sino el resultado de la falta más absoluta de protección sobre este joya medioambiental por parte de quienes miraron para otro lado o antepusieron el dinero fácil al deber de salvaguardar un entorno único, que deberían haber heredado nuestros hijos e hijas en otras condiciones muy distintas a las actuales.

Llevo toda mi vida amando este lugar. En él aprendí a nadar, bucear o buscar caracolas y caballitos de mar que ya apenas existen. No tengo ninguna duda de que la transformación de lo que fue un mar de aguas hipersalinas y cristalinas tuvo su origen principal en la puesta en regadío de la mayor parte del campo que lo rodea. Lo he visto con mis propios ojos. Los abonos sin control que se fueron vertiendo durante años a sus aguas y la sobreabundancia de nutrientes actuaron rápidamente y, aunque durante un tiempo prudencial el Mar Menor resistió y fue capaz de soportar la entrada creciente de estos nutrientes, a finales de 2015 no pudo soportarlo más y el colapso fue tan evidente como avergonzarte para toda esta región y también para aquellos que todavía nos visitaban o quienes nos observaban atónitos desde lejos. La famosa “sopa verde” nos dio la primera bofetada de realidad de las muchas que nos vendrían después y aquel cambio radical de su color y transparencia nos hizo ser conscientes del estado de agonía del mar de nuestras vidas. Al menos a algunos.

«Sopa verde» en el Mar Menor
Foto: El País

Desde el pasado miércoles la ley que pretende conseguir que el Mar Menor obtenga personalidad jurídica está a un solo paso de convertirse en realidad. Ya solo falta el respaldo del Senado para su validación definitiva y esta noticia, después de tantas y tantas nefastas, consigue apartar la solastalgia de mi pecho, durante un breve espacio de tiempo, para llenarlo de alegría y también de un poco de esperanza. Escuché la intervención ese día de mi compañero, el Diputado Nacional Juan Luís Soto Burillo, donde dijo “es un día histórico para quienes amamos la laguna salada más importante de Europa” y no pude evitar sentirme orgullosa y tranquila por seguir estando en el lado bueno de esta triste historia.

El origen de esta iniciativa estuvo en un primer corazón que latiendo con fuerza por el Mar Menor, decidió luchar sin descanso para que pudiese defenderse por sí mismo. El ímpetu de Teresa Vicente, una profesora de Filosofía del Derecho de la Universidad de Murcia, arrastró a otros 639.826 corazones más que latiendo con la misma energía y amor, firmaron o recogieron firmas hasta conseguir que, lo que muchos tacharon como locura, haya llegado a ser una realidad y que esta Iniciativa Legislativa Popular (ILP) sea aprobada por el Parlamento Español. Con el voto en contra de VOX, incluido el de su diputado por Murcia, que también hay que decirlo.

Espero que en el futuro los libros cuenten esta historia tal y cómo ha pasado. Sin medias verdades. Espero que los nombres de Teresa, Isabel, Eulalia, Mario, Pedro, Lola, Manolo, Poy, Carmina, Juan Luís, Diego, Lourdes o tantísimos otros y otras, incluidas asociaciones como Pacto por el Mar Menor, Ecologistas en Acción, SOS Mar Menor o el Mar Menor de los Niños que han gritado por su defensa desde el inicio de esta crisis, estén escritos en negrita y tratados como los héroes que han demostrado ser. Personas que han luchado sin descanso contra los dragones y mazmorras más poderosos de una región en la que se ocultó y negó, sin ningún tipo de rubor, esta catástrofe medioambiental durante años; una región en la que se menospreció a quienes contaban la verdad o se manifestaban para exigir su protección y en la que aún no hemos escuchado a nadie asumir responsabilidades o pedir siquiera perdón.

Hoy escribo desde la orilla mas afortunada de esta historia y lo hago siendo completamente consciente del estado de las que tengo enfrente, aquellas en la que ya apenas hay vida ni dentro ni fuera del agua, y también de que todavía nos queda mucho por gritar. Ojalá no tengamos que volver a ver peces morir para despertar y exigir responsabilidades a quienes tanto nos las deben. Intentemos ser justos y no olvidar nunca lo ocurrido. Nos vemos el día 13 de agosto en cualquiera de sus orillas para volver a abrazarlo simbólicamente, pero, mientras, como ya escribí una vez, no dejemos que nadie nos calle. Que nadie calle al Mar Menor.

Lara Hernández Abellán
Secretaria General del PSOE de Alcantarilla y Diputada Regional

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