Paco Galera: «Políticas efectivas en materia LGTBI»

Paco Galera

Parece mentira que en pleno siglo XXI haya que celebrar un día como el del Orgullo LGTBI para tener que dar visibilidad a un colectivo que en ocasiones sufre una marginación absurda e injusta, debido a la ignorancia de muchas personas y a la que contribuyen algunos partidos políticos con su posicionamiento, ya sea a favor o en contra.
Partiendo de la base de que los extremismos en política son muy peligrosos y que llevamos coqueteando con ellos desde hace ya algunos años, todo lo que rodea al colectivo LGTBI está siendo miserablemente utilizado por aquellos que hacen de un discurso unilateral su forma de ser y que no sirve nada más que para el enfrentamiento.
Cuánto daño están haciendo aquellos que bajo la excusa de defender más que nadie la causa, pretenden hacer política para arañar, miserablemente, unos cuantos votos.
Es desalentador ver cómo se pelean la extrema derecha y la izquierda –extrema incluida por imponer su ideología en este asunto, mientras el colectivo LGTBI sufre, de manera literal, las consecuencias de estos infames intereses electoralistas de quienes pretenden llevar más razón que el otro.
Cohabitan entre nosotros, por un lado, las tres siglas de un partido que añora aquellos años en los que se imponían miserables terapias a homosexuales bajo el amparo de una ley que en un principio iba destinada a los llamados vagos y maleantes, pero que más tarde se amplió a drogadictos, prostitutas y a los que de una manera u otra estuvieran relacionados con el homosexualismo. Todos en el mismo saco. Unas deplorables prácticas que se extendieron, curiosamente, unos años más allá del final de la dictadura. No cabe duda, que continúan anclados en ese pasado.


Por el otro, tenemos a los del batacazo en las elecciones de Andalucía. Aquellos que hoy, bajo unas siglas a las que les van sobrando algunas letras, quieren apoderarse de la bandera multicolor como si fuera suya. Son los mismos que no hace muchos años, en el arranque de nuestra democracia, hablaban de homosexuales como a aquellos a los que había que enderezar porque aquello era una “desviación del instinto”. No se abochornaban lo más mínimo a la hora de afirmar que los niños, desde bien temprana edad, debían jugar con coches y balones y las niñas con muñecas. Y lo decían, sin ningún pudor, figuras tan destacadas y mediáticas como la del socialista Tierno Galván, que en una lamentablemente célebre entrevista en el número 29 de la revista Interviú, se despachó a gusto con teorías de este tipo.
Es curioso que hoy en día haya calles e incluso colegios, que recuerden la figura del Viejo Profesor, aun llevando en su currículum aquellas reflexiones tan deplorables. Pero ya sabemos que para la izquierda lo verdaderamente indecente es, por ejemplo, ponerle el nombre del “franquista” Juan de la Cierva al aeropuerto de la Región de Murcia porque algún avispado historiador subvencionado lo asemeja con el régimen.
La verdad, no es de extrañar que la izquierda se haya comportado en algún momento de su historia en contra de la homosexualidad. Hasta no hace mucho tiempo, países de marcada tendencia de izquierda como Rusia, Cuba o China, no querían ver a un desviado sexual ni en pintura. Aún en Rusia están prohibidas las manifestaciones LGTBI. Y hoy, sin embargo, los herederos de toda esta corriente ideológica se erigen en nuestro país como acaudillados defensores de la causa, intentando ejercer la exclusividad de tal defensa, bandera multicolor en mano.
Se hace necesario, hoy más que nunca, y ese es el verdadero motivo de este artículo, transmitir a la sociedad quién lucha de manera efectiva por los derechos de este colectivo.
Desde el Partido Popular hemos orientado siempre nuestras políticas en materia LGTBI hacia el respeto, la tolerancia y la diversidad porque conocemos, desgraciadamente, la necesidad imperiosa de seguir realizando propuestas en este sentido. Por ello, y entre otros muchos objetivos, nos sumamos en el año 2021 a todos los puntos de la Resolución aprobada por el Parlamento Europeo, por el que se declaraba a nuestro continente zona de libertad para todas las personas LGTBI. Y lo hicimos sin ambages, sin estridencias, sin enfrentamientos y con la convicción de que gestos así son el camino correcto para acabar con la homofobia en este país.
Porque, quizás, colocar una bandera en un ayuntamiento pueda ser una victoria que acapare segundos de televisión o espacios en algún periódico o red social, pero habría que preguntarse, a tenor de la gestión que luego hacen los partidos políticos de esa información, realmente quién sale victorioso y por qué de ese interés.
Por eso es importante que sigamos construyendo de verdad, sin ninguna intención de imponer ideales políticos, ni enfrentamientos absurdos, una sociedad más tolerante entre todos para que este día podamos borrarlo del calendario y jamás haya que recordarle a nadie que los derechos del colectivo LGTBI son, simplemente, derechos humanos.

Paco Galera, es Vicesecretario de Comunicación del Partido Popular de Alcantarilla.

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