Una calle para El Rey del temple

Paco Galera

La calle que se va a inaugurar en Alcantarilla culmina el agradecimiento de todo un pueblo a la figura de una persona que siempre estuvo dispuesta a venir cuando se le reclamó para una buena causa.


La gran afición a los toros que atesoraban los miembros de la recordada Peña La Bota motivó que, a finales de los años setenta, se programara un festival en la localidad que sería el primero de una larga lista durante la década posterior. Jesús Riquelme, Pepe de la Pequeña, Francisco Guillamón o Pedro Susarte, entre otros, se pusieron manos a la obra para traer la Fiesta de los toros a Alcantarilla.

Superada la Transición y con la Democracia en marcha, el germen de lo que hoy conocemos como Las Fiestas de la Bruja afloraba a medida que aumentaban la ilusión y las ganas de pasarlo bien entre los alcantarilleros. De ahí que la Peña La Bota, presidida por José Alburquerque, decidiera organizar un primer festejo taurino cuyo cabeza de cartel sería el albaceteño Dámaso González, que fraguó una gran amistad con Jesús Riquelme cuando ambos eran novilleros. Éste último desapareció de los ruedos motivado por la mala suerte después de haber toreado, a finales de los sesenta, junto otros novilleros de renombre como los pueblanos Ginés de Soto y Juan de la Puebla o el de Javalí Nuevo, Luis Sánchez Guerrita.

Aunque Dámaso Gónzalez no se prodigaba en festivales benéficos -después de su retirada, en 2003, se dejó ver en algunos-, con Alcantarilla siempre haría una excepción y su nombre aparecía asiduamente en los carteles. A excepción de 1983, cuando actuó en la quinta corrida de la Feria de San Isidro, junto a El Niño de la Capea y Espartaco, cortando el manchego la primera oreja del ciclo isidril.

De izda a dcha: Ruiz Miguel, Jesús Riquelme, Carmen Murcia, El Niño de la Capea y Dámaso González.
Festival taurino calle Término | Alcantarilla 1980

El buen hacer de la Peña La Bota trajo otras figuras del toreo tan importantes como el gran Ruiz Miguel, que acompañó a Dámaso González en casi todos los festivales programados en Alcantarilla. También compartieron cartel con el albaceteño, para delicia de los aficionados locales, diestros tan destacados en el escalafón como Julio Robles y Pepín Jiménez (1987), El Niño de la Capea y Vicente Ruiz El Soro (1982) o Palomo Linares (1985). Además de los maestros murcianos Antonio Mondéjar o Manuel Cascales, que repitieron en varios carteles. Incluso estuvo a punto de venir el malogrado Paquirri, en 1982.

Como anécdota curiosa, un novillero llamado Enrique Ponce toreó en nuestra localidad en 1989. Muy pocos lo recuerdan y eso que la prensa, después de verlo torear en Alcantarilla, le auguró un futuro muy prometedor. Pues bien, un año después tomaría la alternativa en Valencia e iniciaría su carrera triunfal.

Los años ochenta significaron la época dorada de la tauromaquia en nuestra localidad. Cada festejo se organizaba por una buena causa. Unas veces, en favor de la lucha contra el cáncer. Otras, a beneficio de Cruz Roja y también por la guardería infantil de Nuestra Señora de la Asunción. Y siempre hubo una gran respuesta del público, que colmaba las gradas de la plaza portátil de la calle Término. Muchos aficionados pertenecían a las peñas festeras, que ponían la nota de color, acompañados por la música de Los Frescos, que hacían sonar legendarios pasodobles que se mezclaban entre los ensordecedores y entusiásticos olés del respetable.

Ahora, la calle que se va a descubrir en Alcantarilla culmina el agradecimiento de todo un pueblo a la figura de una persona que siempre vino cuando se le reclamó para una buena causa, y lo hizo desinteresadamente. Sin cobrar una peseta y exponiéndose al peligro de manera altruista. Así lo corrobora la decisión del Pleno del Ayuntamiento, en mayo de 2018, contando con el voto favorable de todos los grupos políticos, salvo la abstención de Podemos.

No es ésta la única muestra de agradecimiento del pueblo de Alcantarilla hacia Dámaso González, El Rey del Temple, su adoptivo torero. En este sentido, hay que recordar que en 1978 se le brindó un homenaje al que también asistieron su mujer y sus dos hijas. Asimismo, en 1987, en el Restaurante La Paz –su propietario Alfonso Navarro, era amigo personal del torero– volvió a recibir el cariño de todos los alcantarilleros. En aquella ocasión, además de su familia y un gran número de vecinos, estuvo arropado institucionalmente por el Ayuntamiento, en la figura de su alcalde, Francisco Zapata.

El maestro pronunció unas palabras que fueron recogidas por la prensa regional: «Estoy muy contento con este homenaje. Hay que ser agradecidos. Quiero merecer la amistad que se me da y corresponder a la misma como se merece».

Una emoción muy parecida habría sentido Dámaso González si este sábado hubiera podido estar presente en la inauguración de su calle. Estoy seguro de que, desde el cielo, nos enviará un afectuoso saludo.

Nos dejó muy pronto Dámaso. En agosto de 2017, a los 69 años, la luz del maestro se apagó para siempre. Dicen los que le conocieron, que habiendo sido una figura enorme como torero, su categoría como persona era todavía mayor a la que mostraba cuando cogía los engaños y demostraba como casi cualquier toro le valía para evidenciar su arte y su toreo con hondura; fueran buenos, malos o regulares.

Aunque a muchos pueda sorprender, no es la única calle de Alcantarilla dedicada a un torero.
Otras dos recuerdan la figura de Yerberito y La Torera, dos diestros locales.
El primero, apodado así porque siendo niño ayudaba a su madre a recoger alfalfa para luego venderla por las calles del pueblo, tomó la alternativa en Lima y fue una destacada figura de los años treinta. Por su parte, Lola Gómez, La Torera, fue una adelantada a su época. Transcurrían los años cincuenta y, a pesar de las adversidades que tuvo que sufrir por ser mujer en un mundo de hombres, se hizo un hueco y logró grandes triunfos como novillera en España, Francia y Portugal.

No podríamos olvidarnos de la figura de Manuel Cascales. Aunque nació en el límite con Puebla de Soto, en la carretera de Alcantarilla, también es un torero de la localidad. Así mismo hemos de mencionar a Paco Riquelme, que en 2007 tomó la alternativa en la Plaza Monumental de México.

Alcantarilla es cuna de toreros importantes y siempre ha existido una gran afición que, libre de complejos, acude a las plazas sin intención de reivindicar con aspavientos o sobresaltos una de nuestras señas de identidad. Se trata de una realidad no obviada por el Ayuntamiento. Así, descubrir una placa como agradecimiento a un torero, que además fue una gran persona, refrenda el sentir mayoritario de los vecinos. Y es que cuando todos nos ponemos de acuerdo, Alcantarilla se hace más grande.

✍ Paco Galera

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