Opinión | «Komo mola» Alcantarilla

Juan Castillo

En multitud de ocasiones uno se pregunta qué puede hacer para mejorar la vida de los demás, para ser alguien relevante, alguien que marque la diferencia. Este nivel de autoexigencia parece destinado a dirigentes o a aquellos que tienen en sus manos el encargo de crear el futuro. Es entonces cuando nos sacude una pandemia y, si alguna vez tuvimos ese sueño de ser héroes, cae por el desfiladero hacia el olvido.
Ante esa circunstancia uno tiene dos caminos: hundirse o levantarse. Y cuando uno se alza con orgullo y mira con cierta perspectiva aprecia que existe, oculta, la otra pandemia, ésa de la que nadie habla. La soledad y el miedo de nuestros ancianos, y la soledad y el miedo de aquellos que penden de un hilo, como los que regentan comercios que cada vez ven más vacíos. En ese momento, con una clarividencia que pasma, pensamos que tenemos esa oportunidad que parecía perdida de convertirnos en héroes reales.
Toca hacer examen de conciencia para ver qué podemos hacer por aquellos que construyeron el país que tenemos y puede que la acción sea tan simple como descolgar un teléfono y decirles que los queremos, que no pueden ver a los nietos por su propia seguridad pero que éstos los echan de menos con una fuerza descomunal, que temen por la salud de su espalda el día en que los pequeñajos los abracen con la fuerza de un supermán. Hay que decirles que somos lo que somos por su esfuerzo, por su paciencia, por tu tesón, por no haber tirado la toalla jamás, porque no nos dieron por perdidos igual que nosotros nos rebelamos con la idea de hacerlo con ellos. Jamás vamos a dejaros de la mano…, pero lo tienen que oír.
Del mismo modo, la otra pandemia es la del comerciante, ése que levanta la persiana todos los días con mano trémula pero con la sonrisa dibujada en la cara; ése que mira los metros cuadrados que lo rodean como un salvavidas al que hay que cuidar. Y es entonces cuando de nuevo los ciudadanos de a pie, los alcantarilleros, nos ponemos a la labor de no olvidar que ese frutero es el padre del amigo de mi hija, que el panadero de ojos azules jamás olvida sonreír aunque la vida lo esté azotando, que la ropita del escaparate estará mucho mejor en el cuerpo de nuestros niños que detrás de ese cristal. Que somos vecinos, que somos hermanos, que somos personas. . Miro a toda esa gente aunando esfuerzos y me resulta sencillísimo sentirme orgulloso. Miro las calles, y la gente, y pienso: «Komo mola» Alcantarilla.

Juan Castillo

Presidente Asociación de Comerciantes Alcantarilla

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