La desaparición de las cabinas telefónicas

Según Telefónica, fue a partir de 1966 cuando empezó el despliegue por las calles de las cabinas telefónicas por las ciudades de Madrid y Barcelona. En un principio funcionaban con fichas que se compraban en bares y estancos. Al año siguiente, la compañía comenzó a sustituir esos teléfonos por nuevos aparatos adaptados para monedas de peseta.

La expansión y modernización continuó en los años setenta y la cabina se consolidó como servicio público imprescindible en ciudades y pueblos. En 1974, los teléfonos se adaptaron para funcionar con monedas de cinco pesetas (el «duro»).

Cerca ya de los años 80 la red de teléfonos públicos seguía creciendo. Aparecieron las cabinas abiertas, las accesibles para los discapacitados y las que aceptaban el pago por tarjeta electrónica.

Ya con los teléfonos móviles en el mercado, la facturación de cabinas y locutorios mantuvo un buen nivel en los años 90, favorecida por la llegada masiva de inmigrantes y por el turismo.

En el año 2000, había más de 108.000 cabinas telefónicas repartidas por España. Hoy quedan apenas 15.000. La generalización del uso del móvil sentenció la supervivencia de estas y las pérdidas del servicio se multiplicaron en poco tiempo. Hoy las cabinas están en desuso y en espera de su total desaparición

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