ALCANTARILLA Y SU INDEPENDENCIA HISTÓRICA DE LA CIUDAD DE MURCIA

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En las fechas en las que nos encontramos, está muy de moda atosigarnos de modo constante con palabras, eslóganes o diatribas relacionados con términos como “autogobierno”, “independencia”, “autonomía” o “libertad”. Esta insistente verborrea se nos presenta unida a un sentimiento de identidad de determinados espacios geográficos que apelan a la formación de un conjunto territorial independiente, así como a una libertad política para decidir. En muchas ocasiones su argumentación viene fundamentada a través de unos supuestos valores históricos, que los adecúan a los intereses estratégicos del momento para apelar a un sentimiento nacional o regional, que en ocasiones puede formar parte más de la imaginación que de la realidad.

Es por ello que si en determinadas partes de este país, de vez en cuando se abusa de la búsqueda de episodios verdaderos o falsos (en ocasiones todo vale), que fundamenten y sirvan para cimentar su historia, en esta ocasión vamos a hablar de uno que nos atañe muy cerca: el municipalismo alcantarillero y su independencia respecto a la ciudad de Murcia.

Desde que, a mediados del siglo XIII, se logra la reconquista cristiana del Reino de Murcia, una de las principales pretensiones de la ciudad de Murcia y su Concejo fue incluir la alquería o aldea de Alcantarilla (entonces Alcantariella) dentro de su término municipal. Es entonces, en los primeros momentos de la liberación de las hordas musulmanas, cuando se produjeron los primeros repartimientos de tierras entre los señores nobles y eclesiásticos, quedando incluidos lugares como el Javalí, La Ñora o la antigua Santarén (hoy Puebla de Soto) dentro del término de la ciudad de Murcia, pero no así Alcantarilla. El Concejo de Murcia sabía de la riqueza y fertilidad de nuestras tierras de huerta y secano, que en algunos documentos medievales ya definían a Alcantarilla como “el mejor logar de la huerta”.

Desde esos iniciales repartimientos Alcantarilla, se constituyó como Señorío y se mantuvo independiente territorialmente hablando, primero en forma de “lugar” y posteriormente como “villa” ya en el siglo XVI. Estas tierras sobre las que hoy se asientan nuestro municipio fueron propiedad de la Orden de Alcántara, las reinas cristianas Doña Violante y Doña María de Molina, hasta que en 1321 pasaron a ser propiedad del Obispo y Deán de la Diócesis de la Santa Iglesia de Cartagena, posesión que les duró hasta finales del siglo XVI.

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Plano amojonamiento

Hay constancia documental de que sus propietarias/os reales y eclesiásticos de los siglos XIII, XIV y XV, sufrieron múltiples injerencias en su jurisdicción por parte del Concejo murciano. Este se inmiscuía de forma continua en el cobro de impuestos y en la aplicación de la justicia, siempre argumentando que nuestro territorio estaba incluido en su término municipal. Existen numerosos episodios recogidos en la documentación medieval, en los cuales los/as propietarios/as de Alcantarilla reclaman la mediación y ayuda del rey, ante las numerosas demandas del cobro de todo tipo de rentas a nuestros entonces vecinos por parte del Concejo murciano, el cual enviaba hasta aquí a sus funcionarios o almotacenes para su recaudación. En una ocasión el rey Fernando IV, en una severa disposición real de 1309, intentado dar solución a estos conflictos, destacaba que “quedaba maravillado que no se acometieran las ordenanzas reales y más aún que su Adelantado (asimilable al Delegado del Gobierno actual) lo consintiera”.

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Así mismo en el campo de la aplicación de la justicia tenemos otros varios y claros ejemplos. El Obispo y Deán poseían en su señorío por delegación real la jurisdicción alta y baja y mero y mixto imperio. Esto era el poder judicial de entonces, siendo definido en algunos textos medievales referentes a Alcantarilla como “el poder del señor para matar, degollar, ahorcar, azotar o desterrar” al culpable de un delito. En ocasiones, alguaciles de Murcia apresaron a vecinos de nuestra alquería, llevándolos a juicio a esa ciudad e incluso los ajusticiaron. Este fue el caso de Çad Cedin, moro de Alcantarilla, el cual acusado de asesinato en 1412 fue apresado en estas tierras y llevado a Murcia, donde lo ahorcarían en una de las almenas de la puerta de la Aduana. Estos hechos daban lugar a duras reacciones, como podía ser la excomunión por parte del Obispo a los regidores concejiles de Murcia, siendo esto muy grave debido al fuerte sentimiento de religiosidad imperante de entonces.

Pleito por la jurisdicción de Alcantarilla 1435-1437

Entre los años 1435-1437 se dirimiría el pleito por la jurisdicción de Alcantarilla entre el Concejo de Murcia y el Obispo y Deán de la Diócesis de Cartagena. La sentencia de este juicio, la cual data del mes de marzo de 1437, dictaría lo ocurrido hasta hoy. En ella se reconocía que Alcantarilla estaba incluida en la huerta de Murcia, rodeada por el término municipal de esta, pero con identidad propia e independencia jurisdiccional de ella, siendo el Obispo y Deán de la Diócesis de Cartagena sus legítimos propietarios, y en definitiva los gestores de sus impuestos y quienes impartían la justicia. Se autentificaba su posesión de término municipal “por sy mesma y apartada”. De esta misma manera se continuaría con posterioridad, cuando en el siglo XVI nuestro señorío pasó a manos del genovés Lázaro de Usodomar, y así hasta el origen de los Ayuntamientos constitucionales del s. XIX.

Este pleito tuvo una duración de más de dos años, teniendo como protagonistas numerosos testigos presentados por ambas partes, tanto cristianos como musulmanes, y cuyos testimonios han sido definitivos para la recreación histórica de nuestra localidad. La sentencia hizo un primer amojonamiento de nuestro término, señalando un total de 19 hitos o mojones, los cuales tenían como finalidad principal separar de forma clara las tierras del señorío eclesiástico de las del concejo murciano. Así mismo se distinguía entre zona de huerta y zona de secano, ambas con circunstancias jurisdiccionales distintas, pero en definitiva el señorío se asentaba en la primera de ellas y ahí los señores eran el Obispo y el Deán.

Por tanto, a pesar de considerarnos murcianos podemos sentirnos orgullosos de haber logrado mantener nuestra pequeña identidad territorial desde Alfonso X el Sabio, hasta nuestros días.

Alejo Garcia Almagro, historiador y arqueólogo

 

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