Alcantarilla: Esculturas de Équidos del Cabezo del Agua Salada, por Daniel Serrano Várez

En la década de los años ochenta del pasado siglo, descubrí como yacimiento arqueológico el Cabezo del Agua Salada, publicado también como Cabezo de la Rueda. Rápidamente lo comuniqué al Departamento de Arqueología de la Universidad de Murcia y fue visitado por la Catedrática Muñoz Amilibia que, quedando gratamente impresionada de su potencialidad, organizó urgentemente su excavación, que realizaron los arqueólogos J. Mª Garcia Cano y A. Sanmarín, entre febrero-marzo de 1981. Posteriormente, en 1992, llevo a cabo otra excavación el también arqueólogo M. López Campuzano.  Independientemente del material procedente de ambas excavaciones, se localizaron en superficie, a los pies de los muros de sujeción de los bancales de las laderas del cerro, más de medio centenar de fragmentos pétreos arquitectónicos y escultóricos de gran importancia, debido a lo cual el yacimiento se ha posicionado en primera línea del arte ibérico. Entre los fragmentos hay dos que son cabezas de caballo. Hay muchos testimonios de que este animal ha sido muy valorado por la humanidad. En las primeras manifestaciones artísticas conocidas del hombre vemos que lo representaban en las pinturas que los paleolíticos plasmaron en las paredes de cavernas. Estas primeras manifestaciones tuvieron continuidad en el tiempo. Lo vemos en los grabados de las estelas del Suroeste. En los abrigos con Arte Rupestre Levantino y en las posteriores con arte esquemático. En época ibérica el caballo estaba muy ligado a la actividad humana y debió alcanzar gran importancia, por su elevado número de representaciones. Entonces era considerarlo un símbolo de prestigio entre personajes que destacaban por su poder militar, económico o social; era muy útil como arma para atacar con velocidad; desempeñaban un papel importante en los desplazamientos de personas; tenía mucha capacidad de carga y era el perfecto auxiliar en la caza. Se representaban con gran variedad en cuanto a formas, tamaños, actitudes, con atalajes y sin ellos…

CABALLO ORIGINAL
Fragmento cabeza de caballo encontrado en Cabezo del Agua Salada (Alcantarilla). (Fig 1)
CABALLO RECREACION
Recreación ideal de la cabeza de caballo encontrada en Cabezo del Agua Salada (Alcantarilla)  

Las cabezas que se encuentran sin restos de cuerpo como las de Alcantarilla, que siempre iban unidas a un cuerpo, podrían rematar algún monumento o bien estaría aislado en sus inmediaciones, también el cuerpo podría estar embutidos parcialmente en el monumento o bien estaría, quedando la parte externa en bajorrelieve. La cabeza quedaría toda al exterior. De las dos cabezas, una, debido a la erosión, tiene los atalajes muy deteriorados, apenas perceptibles, pero se aprecia que eran sencillos. La otra, que representamos en figura 1, se conserva bien y se puede considerar entre las mejores de la estaturia ibérica, por lo que la describimos: “Corresponde a la parte frontal derecha de la cabeza, desde el testuz al maxilar y parte del ojo. Por múltiples fracturas y rodamientos, carece de orejas y parte superior del testuz. Igualmente está fracturada por una diagonal que, desde la mitad del ojo derecho, baja hasta el maxilar a la altura del bocado, bajo el maxetero. La parte inferior del fragmento conserva resto de pintura de color rojo amarronado y leves trazos negros, lo que indica un tratamiento policromado de la escultura. La pieza, muy mutilada y de la que, de momento, solo disponemos de este elocuente pero mínimo fragmento, es de muy buena factura, equiparable a los mejores ejemplares de género. Lleva cabezal con frontalera y montantes anchos, con dos series paralelas de bolitas como filete-claveteado de chinchetas metálicas con la cabeza hemisférica. Tres gruesos y cuidados discos recorren la línea del montante, desde la testera al bocado. El superior más grande, es lenticular, con botón central y una serie de molduras concéntricas. El segundo y el tercero son prácticamente inéditos. Con reborde exterior de media caña, estas placas tienen en su interior una roseta de cuatro pétalos separados por hojas puntiagudas. El centro lo ocupa un botón hemisférico. El ahogadero parte en diagonal al disco superior que une montante con testera, si bien esta parte de la escultura está muy deteriorada. En la parte superior, bajo la frontalera, y con estricta simetría al recuadro formado por ésta con los montantes, hay un adorno a modo de mechones de crin con doble fleco rizado en su extremo, lo que más que las crines del flequillo parece representar un adorno bordado en relieve o más bien una labor de repujado. Está sobre una banda aproximadamente paralela a la frontalera y que recorre toda la zona superciliar prolongándose sobre el ahogadero y sobre el cuello.

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Entre los iberos el caballo estaba muy vinculado a la vida de ultratumba. En las necrópolis es frecuente la asociación tumba/caballo. El mejor ejemplo de este relación lo encontramos en la necrópolis de Los Villares (Hoya Gonzalo, Albacete), en la que sobre dos tumbas de empedrado tumular hay dos caballos con jinete, uno de ellos con atuendo de guerrero. Indudablemente el caballo tenía un gran valor simbólico. Sobre la tumba se consideraba que heroizaba al enterrado, manifestando su poder y prestigio en la sociedad y prolongándolo después de muerto.

Algunos estudiosos consideran que podía se el vehículo al “más allá”. Se ha constatado que el caballo recibía culto de los iberos, pues erigían santuarios dedicados a ellos. El más importante conocido está en nuestra comunidad, muy cercano a Alcantarilla, en el municipio de Mula. Las ruinas del edificio de culto se conservan en lo alto de una montaña llamada El Cigarralejo, que en la ladera hay poblado y en el llano inmediato una necrópolis. El santuario ha proporcionado casi dos centenares de plaquetas pequeñas de arenisca que en una de sus caras, y a veces en las dos llevan representaciones équinas en relieve y unas pocas incisas. Estas plaquetas eran depositadas por fieles que acudirían a implorar favores o dar gracias por los recibidos. También se han encontrado vestigios que manifiestan la existencia de una diosa protectora de los caballos. Esta diosa Potnia Hyppon se representaba en unas escenas en las que un hombre o una mujer, de pie o sentado/sentada en una pequeña silla de tijeras y, a sus lados, 2 ó 4 caballos rampantes a los que acaricia los belfos. La escena se refleja en placas pétreas cuadradas o rectangulares. En Lorca se encontraron dos ejemplares. La descripción y figura de la cabeza está tomada del artículo” Los fragmentos escultóricos ibéricos del Agua Salada( Alcantarilla, Murcia” en A.P.L. XIX: Valencia.

Daniel Serrano Várez

 

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